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Menos distracción. Más concentración.

Estoy en un momento de transición.

Tengo 37 años y soy dueño de un negocio pasivo que mantiene bastante ocupado la mayor parte del tiempo.

Tan ocupado, que podría pasar toda una tarde describiendo lo que hago y no terminar.

Estos son algunos ejemplos de algunas de las tareas que hago en el día a día: SEO (revisión de palabras claves, verificación de posicionamiento, verificación de interlinkeado, gestión de posts en sitios de terceros, colaboraciones con otros medios, etc.), gestión de espacios de publicidad (análisis de nuevos tamaños, test con nuevos medios, integración de nuevos sistemas de publicidad internos), optimización de vías de ingresos (revisión de programas de afiliados, búsqueda de nuevos programas de afiliados, negociación de nuevos términos), mantenimiento de servidores (gestión y actualización de software, plugins, etc.), gestión de dominios (verificación fechas de caducidad, renovaciones, cancelaciones, venta de dominios, etc.) gestión de campañas de mailing (verificación nuevos links, actualización bases de datos, limpieza de bases de datos), revisión de métricas y generación de accionables sobre ellas (preparar ideas, sistemas y procesos para que otros puedan accionar y modificar diferentes aspectos de nuestra web para mejorar SEO, ingresos u otros), gestión de nuevos proyectos por lanzar (constantemente probamos nuevos productos y servicios que pueden ser de utilidad para los viajeros), trámite de pagos de tarjetas de crédito (casi automático, si no fuera porque de vez en cuando nos pasamos de los límites), pagos para colaboradores, telecomunicaciones, impuestos, salarios, creación de facturas, revisión y modificación de entradas/posts, negociación de nuevas condiciones con partners y un largo, larguísimo etcétera.

A esto tengo que sumarle el tiempo que dedico a  las personas que necesitan mi ayuda: las personas que me ayudan con mis proyectos necesitan instrucciones claras para poder trabajar; familiares o amigos que necesitan que los ayude con tal o cual cosa o que quieren saber mi opinión sobre algún tema; completos extraños que me piden consejos sobre sus probables negocios y cómo comenzarlos (y a quienes espero dar más y mejores respuestas en este blog), sesiones de preguntas y respuestas con mis alumnos de mi curso en Udemy, onboarding y gestión de nuevos clientes en WpServicios, responder los viajeros que nos escriben a través de guiajando, etc..

A todo esto tengo que sumarle el uso diario y constante de facebook, twitter, instagram, snapchat, telegram, whatsapp, periscope, facetime, skype, google chat, email (la docena de correos que tengo), etc.

Todo esto sin hablar de las cosas regulares del día a día: ir al supermercado, tomar un baño, bañar a mi hija, sacar a pasear a mi perra, hacer desayunos, almuerzos, cenas, levantar la mesa, lavar platos, leer historias, ir al cine, ver o hablar con los amigos, visitar a familiares, alguna que otra cena romántica….

Además de todo esto tengo atender aspectos de mi crecimiento y vida personal: ir al gimnasio, leer, aprender nuevas técnicas, caminar, hacer fotografías, etc.

Mi vida ha sido así durante los últimos 8-9 años y la verdad es que nunca he tenido problemas con ese ritmo.

Pero notaba que algo me estaba faltando.

Me sentía muy desconectado.

Desconcentrado.

Supongo que a ti también te sucede.

Con esta avalancha de intoxicación informática es normal.

Decidí hacer algo: durante 2016 hice el ejercicio consciente de tomarme las cosas con más ligereza. De disfrutar más. Pero sobre todo, de dejar las distracciones de un lado: el deber ser, lo que otros quieren que haga, lo que se espera de mi.

Dejar de hacer like, retuit, corazón. Olvidarme de las redes sociales, ignorar el 80% de los emails que recibo (99% spam) y convertir el 2016 en uno de los mejores en mucho tiempo, en diferentes aspectos de mi vida.

Olvidar el FOMO (“miedo de perdernos de algo” por sus siglas en inglés) y concentrarme. En mí.

El dinero y la seguridad

He trabajado mucho, sobre todo después de dejar de ser un empleado (una mala idea) y convertirme en freelance y luego dueño de negocio.

Ha sido una cuestión de supervivencia.

El enfoque que he tenido en el dinero durante los últimos años nos permite ahora tener una vida relativamente cómoda.

Sin embargo me di cuenta que esa “seguridad” que buscaba en lo material, es tan sólo una ilusión: después de todo puede desaparecer mañana.

El calentamiento global, el terrorismo, una enfermedad u otra crisis financiera se puede llevar todo por lo que tengo años trabajando.

El dinero es necesario, especialmente para las cosas que es importante.

Así que el año pasado decidí invertir como no invertía hace mucho tiempo: en mí.

No voy a entrar en demasiados detalles, pero fue así como estuve más tiempo fuera de mi casa durante todo el año, me encontré con familiares y amigos en varias latitudes y conseguimos comprar nuestro primer apartamento propio (algo en lo que no conseguía pensar sería posible ni en sueños en el pasado).

Creatividad como viaje al interior

Siempre he querido experimentar con otros medios, decir otras cosas, así que dejé de preocuparme por lo que podrían decir los demás y comencé a experimentar con diferentes medios.

Por ejemplo, lancé unos “episodiosexperimentales en mi canal de youtube.

Comencé a escribir y preparar la puesta en marcha de este blog.

Comencé a leer más libros.

Todo este trabajo creativo, menos monótono y automático hizo que dejara de sentirme tan desconectado de mi y de mi entorno.

Así que este paso, este contraste entre lo que tengo que hacer en el día a día y dejarme llevar por la creatividad, me ayudó a dejar el miedo de perder lo que tengo años construyendo y me enseñó el camino.

Lo que me marcó, fue la idea de cultivar una vida menos “distraída” y más “concentrada” (pienso que se lo leí a Derek Sivers). Resonaba exactamente con lo que estoy necesitando en estos momentos.

Más conexión con las personas, más conexión con la naturaleza, más conexión con las ideas y con mi yo interior.

Actuar más como un pensador y no como un operador.

Es así como decidí dejar de hacer ciertas cosas para comenzar a hacer otras.

Después de pensar bien en todas las cosas que debo hacer, las que debería hacer y las que quiero hacer, decidí comenzar a hacer una limpieza física y digital, una reordenación de prioridades y ejecutar.

Olvida lo que otros dicen que deberías hacer

Haz lo que te apetezca.

Tu vida no puede pertenecerle a un manojo de corporaciones, al banco, a un jefe, a tu madre, padre, marido o esposa.

Tu vida es tuya.

Rebélate.

Deja las distracciones y concéntrate en o que quieres para tí.

¿Quieres viajar por el mundo, comprar un coche nuevo o salir de fiesta todos los días? Hazlo.

En mi caso quiero “dejar de estar ocupado” o “distraido” para lograr mi objetivo ahora: cultivar una vida más concentrada.

Pienso que en la medida que logre mi objetivo mejor será mi salud mental y física, y mejor la vida para mis familiares, amigos, e incluso para mi entorno.

Si quieres acompañarme en el camino, puedes dejarme tu correo en la caja que ves abajo.

Prometo hablarte sólo cuando crea tener algo que pueda ayudarte a tener una vida más concentrada 😉

Flavio Amiel

Soy un autodidacta empedernido. Después de 20 años desarrollando negocios online decido compartir todos mis secretos y reflexiones contigo. Puedes leer más sobre mi aquí.